Un parque nacional privado holandés donde brezales, dunas de arena y bosques albergan un museo de arte de fama mundial
Parque Nacional De Hoge Veluwe
El Parque Nacional De Hoge Veluwe representa una notable convergencia de patrimonio natural y cultural en el paisaje neerlandés. Ubicado en la región de Veluwe, en Gelderland, el parque ocupa un paisaje modelado durante la última glaciación, cuando los procesos glaciares crearon la morrena terminal que constituye la base física del área más amplia de Veluwe. El carácter contemporáneo del parque, sin embargo, refleja una historia más compleja de interacción humana con la tierra. Originalmente muy boscosa, el área sufrió una transformación a través de siglos de tala y pastoreo, que crearon los brezales abiertos y las dunas de arena movediza que ahora definen gran parte de la identidad visual del parque. A finales del siglo XIX, la extensa forestación estabilizó muchas de las áreas de deriva de arena, aunque se tomó una decisión deliberada de mantener porciones de brezal abierto y dunas para preservar los tipos de paisaje característicos de Veluwe.
El establecimiento del parque como área protegida se deriva de la visión de Anton Kröller y su esposa Helene Kröller-Müller, quienes comenzaron a adquirir tierras en la zona a partir de 1909. Helene Kröller-Müller reunió una distinguida colección de arte, inicialmente destinada a albergarse en un museo dentro del parque. Aunque las dificultades económicas impidieron la finalización de los planes originales del museo, la colección fue finalmente donada al Estado neerlandés en 1935, y el Museo Kröller-Müller se completó después bajo los auspicios estatales. Ese mismo año, el propio parque fue transferido a una fundación creada para su gestión, convirtiéndose en el segundo parque nacional de los Países Bajos.
Lo que distingue a De Hoge Veluwe de otras áreas protegidas neerlandesas es su estatus de propiedad privada y la ausencia de subsidios operativos gubernamentales. El parque genera ingresos a través de las tarifas de entrada y actividades comerciales, lo que le permite operar de forma independiente manteniendo altos estándares de conservación. La valla que lo rodea, necesaria para contener la vida silvestre y justificar la tarifa de entrada, ha sido a veces controvertida entre ciclistas y excursionistas que deben pagar para cruzar o rodear el parque, aunque se ofrecen tarifas reducidas para visitas breves. El enfoque de gestión pone énfasis en la estética del paisaje, los grandes mamíferos y la historia cultural, creando una experiencia distintiva para el visitante que combina la recreación al aire libre con el enriquecimiento cultural.