Historia de Hato El Cedral y cronología del área protegida
La región que rodea al Hato El Cedral fue colonizada por los españoles, y el pequeño asentamiento de San Miguel de Mantecal de Caicara fue fundado a finales de la década de 1780. Durante principios del siglo XIX, la zona estuvo asociada al capitán Pablo Ponte, quien se unió a las fuerzas patriotas del general José Antonio Páez durante la guerra de independencia de Venezuela contra España.
La finca en sí ha sido utilizada para la cría de ganado desde el siglo XIX, pasando por múltiples propietarios y operando en una ocasión bajo el nombre anterior de Hato La Trinidad de Arauca. Existe la creencia generalizada de que este paisaje inspiró parcialmente a Rómulo Gallegos cuando escribió su emblemática novela Doña Bárbara en 1929, una obra que dio forma a la imagen literaria global de los Llanos venezolanos.
Aunque la propiedad permaneció en manos privadas durante muchos años, partes de la misma fueron protegidas progresivamente, incluyendo su reconocimiento como Santuario de Fauna de Matiyure. La hacienda abrió sus puertas a los visitantes en noviembre de 1987 tras su adquisición por parte de la Confederación Venezolana de Ganaderos, y en 2008 el Estado venezolano compró la propiedad en su totalidad. Hoy en día, el Estado gestiona la reserva mientras otorga concesiones de ecoturismo a operadores privados, asegurando tanto su futuro de conservación como su papel continuo como un destino regional destacado.
Vida silvestre y especies destacadas de Hato El Cedral
Hato El Cedral alberga una concentración excepcional de fauna característica de los Llanos, con estudios que documentan aproximadamente 347 especies de aves, 89 especies de mamíferos, 62 especies de reptiles y 22 especies de anfibios. Entre sus residentes más icónicos se encuentran grandes grupos de capibaras, los roedores más grandes del mundo, junto con monos aulladores cuyos llamados resuenan en los bosques de galería. La propiedad es especialmente famosa por sus reptiles, incluyendo el cocodrilo del Orinoco y las anacondas verdes, estas últimas entre las serpientes más grandes registradas en Venezuela.
La observación de aves es una atracción principal, con especies como el busardo negro mayor frecuentando los cursos de agua y una larga lista de aves zancudas, rapaces y especies tropicales de tierras bajas poblando las sabanas y morichales circundantes. El avistamiento de mamíferos suele incluir osos hormigueros y zorros encontrados en excursiones guiadas nocturnas, mientras que caimanes, tortugas y una variedad de peces pueblan los ríos y lagunas.
La combinación de fauna habituada, múltiples tipos de hábitat y métodos de observación guiada permite a los visitantes encontrar especies que son difíciles de ver en otras partes de Venezuela. Esta riqueza ha consolidado a Hato El Cedral como un destino emblemático de la fauna llanera y un importante sitio de referencia para comprender la biodiversidad de la cuenca del Orinoco.





