Historia de Reserva Provincial Iberá y cronología del área protegida
La Reserva Provincial Iberá fue establecida formalmente el 15 de abril de 1983, lo que dio lugar a la creación de la que se convertiría en la mayor área protegida de Argentina y otorgó protección formal a una parte sustancial de los Esteros del Iberá. En 1995, los valores de los humedales de la reserva obtuvieron reconocimiento internacional cuando un área núcleo de 24.500 hectáreas, denominada oficialmente Lagunas y Esteros del Iberá, fue incluida como Humedal de Importancia Internacional bajo la Convención de Ramsar, registrado en enero de 2002.
Una segunda fase importante de desarrollo institucional comenzó en 2009, cuando se creó el Parque Provincial Iberá a partir de tierras públicas controladas por la Provincia de Corrientes, delimitando un núcleo estrictamente protegido en la porción suroeste de la reserva. El capítulo más transformador, sin embargo, llegó a través del trabajo de Conservation Land Trust, una fundación privada establecida por los conservacionistas Doug y Kristine Tompkins, que comenzó a adquirir antiguos ranchos ganaderos dentro de la reserva en 1999. Para 2015, la fundación había donado esas tierras al Estado argentino, lo que permitió al Congreso crear formalmente el Parque Nacional Iberá el 5 de diciembre de 2018, ampliando así la huella de conservación federal en el corazón de la reserva más amplia.
Vida silvestre y especies destacadas de Reserva Provincial Iberá
La Reserva Provincial del Iberá es célebre por su fauna nativa, rica y en gran medida en proceso de recuperación, de la cual cuatro especies han sido declaradas monumentos naturales provinciales: la nutria neotropical, el aguará guazú, el ciervo de las pampas y el ciervo de los pantanos. El ciervo de los pantanos, en particular, es uno de los herbívoros nativos más grandes de los esteros y una especie emblemática de los humedales.
La reserva alberga a las dos especies de caimanes argentinos, conocidos localmente como yacaré negro y yacaré overo, así como al roedor más grande del mundo, el carpincho, los cuales prosperan en las lagunas poco profundas y ricas en vegetación, además de en los arroyos de curso lento. Se han registrado alrededor de 350 especies de aves, incluyendo rapaces, aves zancudas y especialistas acuáticos que impulsan una creciente identidad como destino de observación de aves en la región.
Una historia de conservación particularmente visible es la reintroducción del guacamayo rojo, catalogado como en peligro crítico en Argentina, donde la especie había estado efectivamente ausente durante décadas. Una coalición de organizaciones, incluyendo el World Parrot Trust, Aves Argentinas y el Conservation Land Trust, comenzó a importar aves en cautiverio desde Gran Bretaña en 2015, con la liberación del primer par de aves de origen británico en febrero de 2019, marcando un paso temprano en la restauración de una de las especies perdidas más carismáticas de Argentina.



